Siete u ocho maldiciones a Pablo, Mariano y Felipe (1/2)

Me gustaría hablaros de siete maldiciones —quizás ocho— que Jesús de Nazaret lanzó contra los escribas y los fariseos. Y para ello y antes que nada, quisiera desarrollar algunos conceptos del contexto histórico como son los términos escriba, fariseo, saduceo, esenio y zelote, para poder interpretar mejor un texto bastante más antiguo que el que recientemente ha caído en las manos del magistrado Pablo Llarena (por dejación de funciones del mejor de los fariseos, el más respaldado para la última elección: M.Rajoy).

 Fariseo, a. Sustantivo o también adjetivo, ojo. Seguidor/a de una secta judaica que aparentaba rigor y austeridad, pero eludía los preceptos de la ley y, sobre todo, su espíritu. Eludía el espíritu de la ley, su esencia, el objeto para la que fue creada. Es por ello, que el diccionario también recoge la acepción hipócrita, esto es, fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.

 Como el resto de miembros del Sanedrín (71 contando al supremo sacerdote), los fariseos lo integraban en la proporción que el apoyo del pueblo determinaba, siendo (los fariseos) los más populares del momento por la afirmación de la resurreción, la existencia de los ángeles y el liberalismo espiritual en general. Debemos entender que en aquellos días sólo se hablaba de una cosa: el imperio de la Ley (de Dios).

 Los fariseos representaban la aristocracia seglar (o laica) y su promesa estrella, la más encantadora de escuchar, era la de la resurreción terrenal —cuando llegara el Mesías y siempre y cuando les viniera bien a ellos, claro está—. Abiertos a cualquier especulación teológica, como en qué condiciones de vigor se renacería, cuánto más pronto se produciría el apocalipsis zombi o si había que lavarse las manos más o menos veces y en qué supuestos. Concesiones y halagos a los sentimientos elementales para mantener el poder, o lo que es lo mismo, la demagogia o degeneración de la convivenvia de la que hablaba Aristóteles más de trescientos años atrás.

 Iniciadores de la tradición oral para abarcar a las clases poco o nada instruidas y averiguar con lo que se contentaban para ganarse de esta forma su favor —los bulos malditos en definitiva, que en aquellas fechas ya estaban de moda—, fueron poniendo el boca a boca al mismo nivel que la Ley Escrita, perdiendo paulatinamente relación con la Ley Natural y alejándose propiamente de la Ley de Dios hasta el punto de propiciar la muerte de su hijo con unas leyes cada vez más humanas. Reseñar que los verdaderos bulos de la época tenían que ver con la observancia escrupulosa de las Escrituras y la Impureza de algunos oficios, de los paganos y, por supuesto, de otros reinos. Como Samaria, a la que se acusaba de preferir su Monte como lugar de culto antes que Jerusalén, además de ser impura por haber estado poblada por asirios. Supremacismo en toda regla, eso sí, sólo practicado como una cuestión técnica o normativa.

 Escriba. Sustantivo exclusivamente masculino. Entre los hebreos, doctor e intérprete de la ley. Los escribas eran predominantemente fariseos instruidos a conciencia, para definir el vocabulario, enseñar e interpretar la ley, amén de administrar justicia. Con un rango y una responsabilidad mayor a la de los fariseos y saduceos, y que en teoría ambas sectas podían ostentar indistintamente, sólo tenían por encima a los ancianos o notables.

 Se podría decir que los fariseos se vistieron de ciencia religiosa —como ahora ocurre con la ciencia económica— para asegurarse el control de este grupo de magistrados de mayor poder, provocando la inevitable reacción de una tradición oral de izquierdas ante lo que suponía un serio conflicto de intereses. Tan grave como para llegar a la destrucción del Templo de Jerusalén por las tropas de Tito en el año 70, con el historiador hebreo Flavio Josefo —nacido como Yosef ben Mattityahu, autor de Antigüedades judías, [93-94]— acompañando a la expedición romana, al que volveré a invocar más adelante.

 Los saduceos representaban la aristocracia o nobleza sacerdotal. Supongo que fue la observación de las teorías vigorizadoras de los gurús de la resurrección terrenal, lo que les llevó a contraponerse al fariseísmo, menospreciando su autoridad moral. Minoritarios y más impopulares por negar la resurreción y la existencia de un mundo espiritual, Jesús trató de sacarles de su error —político—, mientras ejercía el magisterio para revelar a los no instruidos, ya fueran judíos o gentiles, el dualismo cuerpo/alma (la vida eterna) presentándolo de este modo como la solución al ‘conflicto’ de la resurrección. Revelación, que poco a poco fue ganando adeptos en este grupo parlamentario.

 Jesús chocaba frontalmente con los saduceos cuando éstos ponderaban más la tradición que la esencia misma de las Escrituras. Son varias las alusiones que recogen los evangelios de la Iglesia, como en Mt 22 29-30, al respecto de quién de los siete hermanos difuntos, debía ser —en el Reino de los Cielos— el marido legítimo de una mujer que les sobreviviera a todos ellos. Al fin y al cabo, los saduceos eran más conservadores que los fariseos cuando se trataba de acometer enmiendas, y su firmeza residía en la observancia, estricta por definición, de las Escrituras; aunque las pudieran malinterpretar o no encontraran argumentos nobles para conciliarlas con el sentir mayoritario.

 Mt 22 29-30
 Jesús les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, si no que serán como ángeles en el cielo.»

 La llegada del Mesías con la Buena Nueva les iluminaría, con argumentos alternativos, creíbles y necesariamente populistas para atraerse a unas masas obnubiladas por la flamante libertad de elección espiritual. Reacción de la razón frente a la imposición del dogma a través de la tradición oral, interminable combate que vemos en nuestros días. De este modo, se iban haciendo públicas las enseñanzas de Jesús, conquistando cada vez a más saduceos, hasta que éstas fueron vistas como una amenaza para los intereses de los fariseos, que habían roto sus votos entre otros motivos por su animadversión a pagar impuestos a los publicanos como el que en su día fue el evangelista que nos ocupa. Santo ahora ya.

 Mt 24 14
 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.»

 Hacia la destrucción de Jerusalén en el año 70, la Buena Nueva había llegado en efecto a todos los rincones del imperio (al menos en griego, idioma internacional destinado a los evangelios, el término empleado oikouménē hace referencia al mundo habitado, al mundo greco-romano). Pero bien podría ser, que el fin o la destrucción a la que se refería Jesús, dada además su propensión al empleo de parábolas, fuera lo que la Biblia denomina con el vocablo apocalipsis, es decir, revelación hecha por Dios a los hombres sobre el futuro —caerá Jerusalén. De hecho, la humanidad siguió su curso.

 La comunidad de los esenios, a la que perteneció Jokanaán el Bautista antes de dejar de escribir para catequizar al pueblo sobre los textos sagrados (viendo el riesgo de la tradición oral), copistas entre otros documentos de calendarios propios con días significados como se ha descubierto recientemente , disfrutaban de cierta autosuficiencia y practicaban la posesión de bienes comunes. Aunque Josefo vino a confirmar que alrededor de 4.000 esenios también habitaban las ciudades, este sector de la población judía no se puede entender sin el comunitarismo y disciplina de los escribientes de manuscritos en Qumrán —y al menos otra ubicación, En el-Ghuweir, 15 km al sur— (con papiros como el 7Q5, rollos de pergamino como el citado de los calendarios y otros recursos oficiales como la escritura de donación en el ostracon de cerámica encontrado, que más que probablemente hace referencia a la propia congregación reocupando el lugar en el siglo I).

 Qumrán, a orillas del mar Muerto y próxima a la desembocadura del Jordán; lo que le confería el aislamento suficiente para el desempeño de su tarea, al tiempo que la proximidad necesaria para seguir conectada con la capital administrativa. Estas comunas, bien podrían consistir en el aparato mediático de unos intereses concretos —saduceos o ex saduceos quizá, que apostaban por la tradición escrita— por el extenso debate político-religioso que sin duda debían suscitar sus manuscritos en Jerusalén, y por los indicios de apoyo con donaciones que permitían congregar a más miembros en la comunidad. (Otro texto en esta web al respecto de los esenios, «¿Se escribe para el fuego?»).

 No pocos autores se refieren a Jokanaán, además de como hombre santo, como primo de Jesús de Nazaret, al que vinculan con Qumrán y con los esenios como hizo también el Papa Benedicto XVI , y del que dicen completó su formación, además de a través de la meditación y de la penitencia en el desierto, durante sus viajes por regiones como Antioquía, donde se habría instruido con los versos de Virgilio e impregnado del pensamiento revolucionario de Apolonio de Tiana, pensador coetáneo considerado subversivo y asimismo perseguido por ello. También visto con vida después de dado por muerto. Perseguidos por Roma, ellos y sus enseñanzas subversivas, hasta los tiempos de Constantino con el Edicto de Milán (313).

 Por último, y no por eso menos relevantes, tenemos la figura de los zelotes. La cuarta filosofía según el historiador más próximo en el tiempo y en el espacio, Josefo, después de los fariseos, saduceos y esenios. Actualmente serían considerados radicales, integristas o terroristas según se mire, con sensibilidades tan diferentes como las de Judas Iscariote, Barrabás o Simón el Cananeo, otro de los doce discípulos que Jesús eligió para que le siguieran —dos de doce—, como figuras relevantes de este movimiento de liberación indefinido en lo que concierne a las vías político-religiosa o militar y a la participación o no en la principal asamblea del estado. A la espera de la llegada de un Māšîaḥ que sosegara sus dudas.

 Jesús de Nazaret pareció simpatizar en difentes momentos con cada una de las filosofías o sectas judías a excepción de los fariseos (lo que descarta también a sus escribas), los cuales le irritaban en grado sumo.

 En resumen, y en relación con lo que todos los medios de comunicación del país se preguntan estos días, sobre si les corresponde a los legionarios de cada acuartelamiento (a los de esvásticas tatuadas también) venerar y disponer de una talla del idealizado Cristo de la Buena Muerte, mi opinión es la siguiente: creo que la parte de una pierna y el pie de la escultura original que se conservan a modo de reliquia tras la destrucción de la talla de Pedro de Mena en mayo de 1931 (habiéndose proclamado un mes antes la II República), pueden formar parte del error de interpretación de las Escrituras que nos ocupa.

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