Régimen del 69, ahora también en grageas.

Año mil novecientos sesenta y nueve. Una década antes de que se aproveche el chasis de un partido marxista para hacer pasar por tolerante democracia la carreta avejentada por la dictadura y su continuación generacional, Francisco P. H. T. Franco, apodado fuera de sus círculos ‘Paca la Culona’, Pitiminísimo por la Befa del Poeta , se dirige a su respetable para ensartar al pueblo como veréis: “todo ha quedado atado y bien atado”.

 Parece mentira que después de tantos años sigamos sin denunciar que lo que quedó atado entonces no fueron más que negocios. Son sólo negocios que, anualmente, sustraen decenas de miles de millones de euros de los presupuestos anuales, fundamental y hasta ahora legalmente a través de instituciones como el clero y el ejército. En ambos casos, el desvío de partidas se estima en torno al 1% del PIB, unos 11.000 millones, siendo la mayor parte filtrada hacia los mandos y sus afines. Prácticas iniciadas o continuadas por el PSOE, como casi todas, por arrancar la ‘andadura democrática’ y tener que registrar intereses franquistas en el Congreso, como mantener los acuerdos con la iglesia católica o camuflar gastos militares en otros ministerios o en el tesoro público.

 Una tendencia preexistente a Franco que se puede calificar históricamente de diversas maneras, a saber: carpetovetónica, nacionalcatólica o democristiana —también franquista o fascista—; y cuya calculada ‘equidistancia ideológica‘ (con el pertinente desdoblamiento de sus diferentes estructuras a las que hay que añadir el soporte económico), le ha otorgado históricamente la ubicación perfecta para pescar en acequia revuelta al son de las mareas. De la transversalidad de ese movimiento llamado prestamismo —ideología política del que tiene para prestar o hacer concesiones, preferiblemente demagógicas que son más baratas—, no nos cabe duda.

 Si añadimos la corrupción que se nos escapa, los rescates exclusivos y socialmente excluyentes —suicidios aparte—, o los 90.000 millones de euros , atribuidos en un 72% a grandes empresas como denuncian Transparencia Internacional, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y los propios funcionarios del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), que nuestra Sociedad Pública —a lo que llaman estado— pierde cada temporada, la decisión para el Consejo de Administración —la ciudadanía, si es que existe— resulta evidente: cese fulminante a esa forma de gobernar. Que cese la buena disposición estatal hacia la casa irreal que vemos hasta con sopa, hacia el ducado de Franco, hacia la fundación FFF sobre dicho monórquido o hacia el colectivo de la casilla XXX que, aunque por separado no dejen de suponer más que calderilla para la recaudación estructural, desempeñan con ahínco su misión terrenal, gloriosa cruzada por la unidad nacional que devenga de esta forma la inversión en dogmas emprendida hace decenios.

 Si bien es cierto que la filigrana para cuadrar ideológicamente los presupuestos —de cara a la galería se entiende— es cada año más intrépida, no deja de antojarse ridículo que la lucha se limite a reclamar los mil, cinco mil o 2.300 millones de euros que suponen revalorizar las pensiones de acuerdo con la inflación. Parece ser que todo vale.

Farsa de la época

Liberales absolutistas
Socialistas monárquicos
Y cristianos tan incorruptos
Como la garra de Santa Rita —, Rita.

@ciudadanoRASO | 15 junio 2018