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Arrimadas y la responsabilidad en propiedad

Había escuchado con anterioridad a periodistas y políticos prostituir una palabra tan hermosa como es liberal -pienso sobre todo en Inda y Aguirre, al menos deberían anteponer el prefijo neo- pero en esta ocasión, y es por lo que me he decidido a publicar esta entrada (además de escuchar a Arrimadas decir a Puigdemont que será el primer responsable de todo lo que pase), me he encontrado con el fenómeno opuesto, es decir, atribuir un vocablo malsonante por definición, a un concepto de connotación positiva. Estoy hablando del término golpistas referido por extensión a quienes quieren decidir en las urnas, ya sea en una u otra dirección, la soberanía de Catalunya (o Cataluña). Para dichos ciudadanos, a todas luces, democracia. ¿Había necesidad de emplear dicho vocablo (máxime después de la Operación Cataluña1 o la jugarreta del CITCO a través de El Periódico2)?

Como quizás no estaba al corriente de una nueva acepción, decidí ‘acudir’ al diccionario de la lengua española para buscar el término golpista y, por ende, golpe de estado, encontrándome con una única definición que el lector puede constatar: “Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes“.

Lógicamente, me hice las siguientes preguntas: ¿Violenta? Hasta la fecha… Y Dios no lo quiera. ¿Rápida? Llevamos décadas con una cortina de humo que ha nutrido tanto a conservadores de ambos bandos que ha terminado por disiparse. ¿Fuerzas militares? No creo que nadie desee verlas intervenir en este asunto. ¿Desplazar a las autoridades existentes? ¿Pues no gobiernan ya? Y en todo caso, ¿qué parte se ha intentado apoderar de los resortes de la otra? ¿Acaso no estamos ante una clara tendencia centralista en lo que se refiere a competencias?

Supongo que también habréis podido escuchar a la diputada de Ciudadanos hablar de “error democrático más grande y más grave de la historia de Cataluña” obviando lo que a mi entender es el error con mayúsculas, acaecido con anterioridad, de apostar por un movimiento de poder de fuera hacia dentro cuando debiera haber sido al revés y para todas las autonomías (o naciones).

Mayo 2017, ¿el fin de la deriva socialista?

Visto el PSOE como un trasatlántico de dimensiones descomunales, resulta que de los 11.289.335 pasajeros (y tripulantes) con los que contaba en 2008, más de la mitad se habrían ido quedando en tierra cada vez que se llegaba a puerto coincidiendo con comicios. 4.285.824 en 2011, 1.458.196 en 2015 y otros 101.469 seis meses después, el 26-J de 2016. En este punto, se habrían hecho de nuevo a la mar 5.443.846 personas, o lo que es lo mismo, 5.845.489 integrantes menos de aquel buque socialista de ocho años atrás.

Navegando en dirección equivocada, encallados o yendo a la deriva en aguas de fuerte corriente neoliberal, lo cierto es que se han ido recorriendo los diferentes estadios de derechización, a saber, de socialista a socialdemócrata, socioliberal después y por último sociodelpepé. Los hitos del partido, incontestables. Complicidad con las burbujas inmobiliaria y financiera, desentendimiento de las medidas sociales que chocaban con los intereses de la banca (dación en pago), modificación de leyes que suponían un obstáculo para inversores extranjeros (artículo 135 de la Constitución Española), el sí quiero tras la pedida de mano de los liberales, y finalmente la gota que parece haber colmado el vaso, el besamanos a Rajoy. En definitiva, el mejor escenario para que el adversario se perpetúe en el poder.

Impuesta la necesidad de reelegir a gobernantes de la nave y resto de miembros de la tripulación -ahora ya sabemos que por iniciativa de los menos-, y si extrapolamos los datos de las recientes elecciones primarias, resulta además que sólo la mitad de los que embarcaron la última vez, quizás el 60%, consideran necesario cambiar el rumbo en lugar del capitán. Lo cual, pone por fin cifra al alcance de la candidatura avalada por todo el espectro conservador del país, situándola, en torno al 40% de apoyo dentro del partido socialista. En cualquier caso, mi más sincera enhorabuena por la batalla ganada y mi reconocimiento al tesón de la candidatura vencedora que probablemente ve recompensada su generosidad con el partido por haberle mantenido el voto a pesar del sinfín de líneas rojas traspasadas. Si no lo han hecho ya, pasarán oficialmente a engrosar las filas del radicalismo en cuanto tomen la primera decisión poco grata a “los intereses del país”.

Asimismo, analizando la situación con retrospectiva, remontándonos ocho meses hasta la rebelión a bordo encabezada por los barones que ahora muestran la mejor de sus sonrisas y que en su momento arrojaron por la borda al hoy renacido secretario general, uno puede darse cuenta de que la batalla ganada consiste sencillamente en regresar a la casilla de salida, con la necesidad satisfecha de que gobernara y aprobara sus presupuestos un chamuscado presidente del gobierno. Si bien es cierto que algunos han quedado retratados en el proceso, parece claro quiénes se han salido con la suya.

Con algo más de libertad de movimiento tras el rescate de la sede socialista, y dado que seguir repitiendo resultados electorales en estas condiciones no impide maniobrar a un régimen caciquista que centra cada legislatura en reforzar su posición y amparar a sus corruptos, ahora parece mejor momento para tratar de acercar a la gran masa social diseminada en dos partidos -y medio-, que ya ha remado en el mismo barco antes y cuyos miembros, aunque aislados los unos de los otros, seguro que no ven con malos ojos un reencuentro.

¿Arrasó Núñez Feijóo en las elecciones gallegas?

Molesto por no recibir la información completa de los resultados en las elecciones gallegas y vascas (del 21 de Octubre de 2012) por parte de las cadenas de televisión de este país, decidí “salir” a buscarla -no sin esfuerzo- a la red de redes. Y es que hay un dato que se antoja imprescindible a la hora de analizar unos resultados electorales, del que se debe partir si pretendemos evaluar la democracia, y que es el total de los censados en el momento de celebrarse los comicios. Es decir, el total de las personas que durante unas horas tienen el poder político en sus manos. En el caso de Galicia, hemos podido comprobar además una manipulación estadística, consistente en no contabilizar como parte del censo a los residentes en el extranjero (los datos publicados por INE, Xunta de Galicia y Parlamento Gallego han sido contradictorios, entendemos que mezclándose datos provisionales y definitivos en relación con el voto de los residentes en el extranjero).

No mencionar ni tener en cuenta este dato supone obviar el porcentaje real de apoyo a los partidos más votados y su comparación frente al porcentaje de personas que se ha abstenido y que -curiosamente- ha ganado de calle las elecciones gallegas y vascas, con porcentajes del 44,48% y del 36,26% respectivamente (sin contar votos en blanco, votos nulos ni votos al partido “Escaños en blanco”). Y debemos entender la abstención no como un ‘no-voto’ porque se ha olvidado la fecha de los comicios o porque ‘se pasa’ de votar, sino como un voto a nadie con el que se manifiesta el malestar o desinterés hacia la clase política, aunque cuesta trabajo creer que algún día escuchemos autocríticas en este sentido. Con un sencillo análisis, podréis comprobar como para tratar de situar por encima de la abstención a las fuerzas políticas más votadas se hace el cálculo en función de los llamados “votos válidos” maquillando de esta manera un respaldo del 24,25% del censo hasta el 45,72% del total de votos válidos en el caso de Galicia, y de un 21,60% hasta el 34,17% en el caso de Euskadi. ¡Como si la opinión de las personas que votan a nadie, no contara! ¡Como si éstos no fueran ciudadanos!

Para aportar más datos de los que no se suelen mencionar -o se dicen con la boca pequeña-, y para que cobre sentido el título de esta entrada, en el caso de Galicia, un total de 135.493 gallegos menos votaron al PP (el 17,16% de los votantes en las pasadas elecciones del 1 de Marzo de 2009). Unos datos que, sin embargo, a los ojos de los medios de comunicación de masas, son vistos como “un claro refrendo” al Partido Popular, incluso al gobierno central de Mariano Rajoy. Aplicando el mismo razonamiento en el caso de Euskadi, podríamos concluir con mayor motivo que el 37,20% de respaldo del censo a PNV + EH-Bildu (traducido en el 58,85% de los votos válidos y el 64% de los escaños del parlamento vasco), se corresponde con un claro refrendo independentista de la población vasca.

Con todo esto expuesto (sabiendo que 24 de cada 100 gallegos censados apoyaron al PP, menos de la cuarta parte) vuelvo a formular la pregunta con la que inicié este texto. ¿Arrasó Núñez Feijóo en las elecciones gallegas? ¿Dieron los gallegos luz verde a más recortes del Partido Popular? Adjunto imágenes de las portadas de los principales periódicos de este país para invitar a la reflexión.

Relación españoles/representación parlamentaria

ELECCIONES GENERALES 2011 EN ESPAÑA
España


Censo electoral 2011
Congreso de los diputados

Congreso de los diputados 2011
% ESPAÑOLES CON DERECHO A VOTO % REPRESENTACIÓN PARLAMENTARIA
PP (10.830.693) 31,57% 53,14% (distorsionada un ↑68,32%)
Abstención (9.710.775) 28,31% 0%
PSOE (6.973.880) 20,33% 31,42% (distorsionada un ↑54,55%)
IU (1.680.810) 4,90% 3,14% (distorsionada un ↓35,92%)
UPyD (1.140.242) 3,32% 1,42% (distorsionada un ↓57,23%)
CiU (1.014.263) 2,95% 4,57% (distorsionada un ↑54,92%)
Partidos sin escaño (694.881) 2,02% 0%
Voto Blanco (430.801) 1,25% 0%
AMAIUR (333.628) 0,97% 2,00% (distorsionada un ↑106,19%)
PNV (323.517) 0,94% 1,42% (distorsionada un ↑51,06%)
Voto Nulo (317.886) 0,92 % 0%
ESQUERRA (256.393) 0,74% 0,85% (distorsionada un ↑14,86%)
BNG (183.279) 0,53% 0,57% (distorsionada un ↑7,55%)
CC (143.550) 0,41% 0,57% (distorsionada un ↑39,02%)
COMPROMÍS-Q (125.150) 0,36% 0,28% (distorsionada un ↓22,22%)
FAC (99.173) 0,28% 0,28% (distorsionada un 0,00%)
GBAI (42.411) 0,12% 0,28% (distorsionada un ↑133,33%)

La era de la confianza

A la parcialidad de la Junta Electoral Central -con posiciones de partida ventajosas para unos partidos y requisitos e impedimentos para otros con el fin de desoír y cribar sistemáticamente el descontento- hay que añadir la flagrante desviación de la proporcionalidad en las Elecciones Generales del 20 de Noviembre de 2011, en lo que se refiere la asignación de escaños en función del número de los votos obtenidos por circunscripciones, que debería escandalizar a cualquier demócrata.

Resulta que los votos de 10.830.693 personas entre un conjunto de 34.301.332 con derecho a voto, es decir, el 31,57% del total del censo electoral, menos de la tercera parte, otorgan a PP una holgada mayoría que le permitirá gobernar sin la necesidad de consensuar las decisiones con el resto de partidos políticos, y lo que es más inquietante, deberá también decidir por el 68,43% de la población censada que no ha depositado su confianza en él, y cuyas expectativas me atrevo a decir, se encuentran por diferentes motivos muy distantes de las pretensiones del ‘Partido del Pueblo’. Difícil tarea para el líder del PP -sobre todo la de dar gusto a sus votantes- si mantiene la palabra de tener en cuenta a ese 68,43% de los españoles que no le ha votado, y a los que se ha dirigido en primer lugar, lo que le ha valido -según algunos- el calificativo de hombre de estado antes de tomar las riendas. Demasiado pronto quizá.

Para darse cuenta del mal funcionamiento del actual sistema electoral, y si nos remontamos a las pasadas elecciones de 2008, podemos comprobar que un número similar de votantes (10.278.010) se tradujo en aquellos comicios en derrota mientras que en esta ocasión se trata de una rotunda e histórica victoria, obteniendo 32 escaños más con un incremento de votos de 552.683, que por sí solos no darían más que para 1 ó 2 escaños en un partido de ámbito nacional.

Echando la vista atrás y como invitación a la reflexión, llama la atención la fidelidad de los votantes de PP, con 10.321.178 votos ya en 2000, sólo alterada ligeramente en Marzo de 2004, con 9.763.144 votantes, a pesar de ‘pillar en renuncio’ a los miembros del gobierno de Aznar, que aún a día de hoy se afanan en mantener -al menos públicamente- una teoría inverosímil al respecto de las lamentables circunstancias.

¿Y qué decir de la nueva propuesta política que se ha impuesto bajo el lema súmate al cambio? Esa propuesta con el objetivo de generar confianza y crédito –dando por hecho que la banca debe seguir en su línea- con los pasos a seguir que tan detalladamente concretó su candidato. En primer lugar un cambio político, en segundo lugar un gobierno competente con ministros que sepan de lo que hablan, en tercer lugar decir la verdad y no engañar a la gente, y en cuarto lugar tener un plan (consistente en controlar el gasto público y llevar una política austera). Muy bueno, sí señor. ¿Y cuáles van a ser esos recortes en los gastos públicos? ¿Podemos presumir que guardarán relación con los recortes llevados a cabo en las comunidades donde ya gobernaba su partido? ¿Educación? ¿Sanidad? ¿Prestaciones sociales? Desde luego si esto va a generar confianza -perder los logros que son la envidia del resto de países-, no va a ser en los españoles.

Nos dicen que son tiempos de cambio, concretamente de cambiar logros sociales a cuenta de trabajar más para mejorar la productividad, durante más años y por menos dinero –sólo algunos, claro- para poder generar confianza en los mercados, mientras en este país se mantiene, además del deficiente sistema electoral, la infinidad de cargos políticos –cada cual con su séquito y sus sueldos astronómicos en muchos casos vitalicios-, la corrupción a todos los niveles, los abusos de la banca, el sinfín de escapatorias que tienen las grandes empresas para evadir impuestos, los directivos sin oficio pero con beneficio que conforman su nómina con los recortes de plantilla o de salario de los trabajadores o la insolidaridad de magnates empresariales con su habilidad para ‘coger el dinero y correr’ sin importarles lo que dejan detrás, que todo sumado constituye el verdadero motivo de la deficiente productividad y la insostenibilidad de la situación actual en España.

¡Bienvenidos a la era de la confianza!