Dimitir no es un nombre ruso, aunque se parezca mucho a Dimitri. Dimitir es, según la R.A.E., renunciar, hacer dejación de algo, como un empleo, una comisión, etc., y alguien tenía que recordárselo al gobierno de Mariano Rajoy. Más que probablemente ya os habrá llegado esta chanza, que circula por la red, en relación con la actitud del gobierno –sólo del español- ante los acontecimientos (ruptura de compromisos con la ciudadanía, corrupción desmedida y desaciertos generalizados).
Cierto es que una dimisión puede llegar a producirse por muy diversos motivos, y lo podemos constatar, echando la vista atrás sin irnos muy lejos, en el caso de Adolfo Suárez, cuando fue arrinconado por todos (presión internacional, presión militar, abandono del rey y del ala derechista de su partido y oportunismo socialista, como más tarde se comprobó, con Felipe González de número 2 en el gobierno que se pre diseñó para el golpe de estado del 23-F). Probablemente en este caso existió la coacción -desgraciadamente Suárez ya no nos puede aclarar algunos aspectos-, pero nos sirve como ejemplo de que se puede dimitir con la cabeza bien alta, y de que no necesariamente tiene que ocurrir por pillar a alguien en un renuncio.
En esos casos, la dimisión requiere una dosis de dignidad o nobleza, abandonar un cargo de poder implica cierta valentía. Pero cuando vemos a un presidente del gobierno virtual, dentro de una pantalla de plasma, dirigirse a los medios de comunicación que vienen en representación de la ciudadanía para dar explicaciones sobre un caso de corrupción que le ha salpicado de lleno, o a una ministra de sanidad convocando una polémica rueda de prensa en la que no se admitirán preguntas, la ausencia de valor es más que evidente y, por consiguiente, las posibilidades reales de dimisión son mínimas por no decir nulas.
Para escuchar aquello de “para no dañar la imagen de mi partido” o “ya no tengo las fuerzas necesarias” hace falta algo más, hace falta al menos un resquicio de voluntad, de determinación, de honestidad, pero siendo precisamente la falta de honestidad lo que ha llevado la situación a este punto, sólo queda esperar que alguien desde fuera –de ideología afín o contrapuesta, quién sabe- fuerce la salida de un gobierno que definitivamente NO ha entrado a gobernar para sacar a España de la crisis.
Durante casi ocho años vagó Rajoy por el desierto de la oposición profetizando la llegada del apocalipsis español si continuaba Zapatero como líder del territorio. Clamó a los cuatro vientos las “hazañas” de su predecesor, sus desastrosos logros. Zapatero había establecido los registros menos deseables en la historia reciente de la democracia española. Ostentaba los récords negativos de todas las disciplinas. Capacidad económica, desempleo, subida de impuestos, corrupción, fraude fiscal, favorecimiento de los estatus preferentes, sistema de salud, sistema educativo, valores morales… Incluso en materia de terrorismo no le era reconocido ningún logro deseable. Había dejado el listón tan bajo que era imposible no mejorar su gestión. Ante esta perspectiva, ¿quién podría no “sumarse al cambio” que Rajoy prometía? ¿Quién no quería la llegada de la Buena Nueva?
Pues bien, a día de hoy, tras más de un año de “nuevo rumbo”, los hitos socialistas han sidos rebasados con creces por el equipo de Rajoy y es ahora éste, sin ningún género de dudas, quien ostenta todos los récords, siendo el artífice de los mayores recortes sociales de la historia de la democracia. Y siendo el partido popular como es, el supuesto referente político de los valores cristianos, no puedo evitar recordar las enseñanzas de Jesús de Nazaret recogidas por su discípulo coetáneo Mateo, el ex publicano (Mateo 7:15): cuidaos de los falsos profetas que llegan a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis. Y es que no existe mejor manera de distinguir a un falso profeta de uno verdadero, las palabras pueden confundir, pero los hechos son irrefutables.
Todos somos conscientes de la desastrosa situación actual. Estancamiento económico, incremento desmedido del paro, subida de impuestos que ya no van a revertir en los ciudadanos con la privatización de recursos estatales como la sanidad y la educación, aparición de cada vez más numerosos, escandalosos y flagrantes casos de corrupción, inoperancia de la justicia, represión policial hacia el ciudadano de a pie, etcétera, etcétera, etcétera. Y a pesar de todo esto, se nos “vende” que la perspectiva es buena, que la situación económica y social está mejorando y que, por supuesto, para cuando termine el mandato del actual gobierno -su dictadura a golpe de decreto ley-, viviremos en un país feliz, en la casa de gominola de la calle de la piruleta, en el planeta de color de rosa.
¡Menudo panorama! Y algunos disfrutando del paisaje en este viaje hacia “el cambio”, que hará realidad los anhelos más profundos de unos pocos. La regresión a un modelo feudal, con las calles repletas de desahuciados, la ciudadanía seccionada en diferentes órdenes, la justicia exclusivamente al servicio de los poderosos y la clase política podrida hasta las entrañas al mando de lacayos y mercenarios que se encargan del trabajo sucio.
Mientras nos manifestábamos el 14-N por el bienestar de próximas generaciones -el de la nuestra ya nos ha sido arrebatado- comentábamos dos amigos: tú y yo no estamos aquí ahora, somos una ilusión. Ni tú, ni yo, ni este, ni ese, ni aquel. Mañana, los poderosos, a través de SUS medios de comunicación, habiendo creado previamente las pertinentes cortinas de humo, procurado dar la mínima publicidad al evento, amedrentado a trabajadores en la cuerda floja y tomado precauciones como encender el alumbrado público durante el día, ultimarán la labor de ningunearnos ofreciendo estadísticas partidistas e interesadas del seguimiento de la huelga. Y todo para hacer llegar a los que NO salen a la calle a protestar -al resto no les pueden engañar-, un mensaje distorsionado que les mantenga inmersos en una realidad paralela. La de la venda en los ojos o la de la pastilla azul de Matrix (tomada a voluntad).
En esta la segunda huelga general en menos de un año de gobierno, se ha mantenido además que la coacción ha existido exclusivamente por parte de los piquetes, a pesar de que las encuestas desvelen que un elevado porcentaje de trabajadores secundaría la jornada de paro si no fuera por el miedo al despido como represalia, por la necesidad del jornal, por el cumplimiento de los servicios mínimos, por el engrose del paro o por el descontento con los sindicatos convocantes de la huelga. Circunstancias que son constatadas cuando observamos la masiva participación en las protestas de la tarde-noche, al mismo tiempo que cuestionan la estrategia de los sindicatos.
En cualquier caso, los que nos gobiernan -y algunos otros- parecen seguir sin vernos ni oírnos. La huelga general del 14-N pasa inadvertida para ellos, y sólo perciben de ésta los destrozos y el parte de lesiones de unidades policiales que, una vez más, vuelve a superar en número al de los manifestantes. Probablemente a más de uno se le saliera el hombro por la contundencia empleada (con independencia de actuar contra mujeres o niños). Una de las anécdotas del día, el atropello de un “mosso” por sus colegas. Que sois compañeros, coño.
Molesto por no recibir la información completa de los resultados en las elecciones gallegas y vascas (del 21 de Octubre de 2012) por parte de las cadenas de televisión de este país, decidí “salir” a buscarla -no sin esfuerzo- a la red de redes. Y es que hay un dato que se antoja imprescindible a la hora de analizar unos resultados electorales, del que se debe partir si pretendemos evaluar la democracia, y que es el total de los censados en el momento de celebrarse los comicios. Es decir, el total de las personas que durante unas horas tienen el poder político en sus manos. En el caso de Galicia, hemos podido comprobar además una manipulación estadística, consistente en no contabilizar como parte del censo a los residentes en el extranjero (los datos publicados por INE, Xunta de Galicia y Parlamento Gallego han sido contradictorios, entendemos que mezclándose datos provisionales y definitivos en relación con el voto de los residentes en el extranjero).
No mencionar ni tener en cuenta este dato supone obviar el porcentaje real de apoyo a los partidos más votados y su comparación frente al porcentaje de personas que se ha abstenido y que -curiosamente- ha ganado de calle las elecciones gallegas y vascas, con porcentajes del 44,48% y del 36,26% respectivamente (sin contar votos en blanco, votos nulos ni votos al partido “Escaños en blanco”). Y debemos entender la abstención no como un “no-voto” porque se ha olvidado la fecha de los comicios o porque “se pasa” de votar, sino como un “voto a nadie” con el que se manifiesta el malestar o desinterés hacia la clase política, aunque cuesta trabajo creer que algún día escuchemos autocríticas en este sentido. Con un sencillo análisis, podreis comprobar cómo para tratar de situar por encima de la abstención a las fuerzas políticas más votadas se hace el cálculo en función de los llamados “votos válidos” maquillando de esta manera un respaldo del 24,25% del censo hasta el 45,72% del total de votos válidos en el caso de Galicia, y de un 21,60% hasta el 34,17% en el caso de Euzkadi. ¡Como si la opinión de las personas que votan a nadie, no contara! ¡Como si éstos no fueran ciudadanos!
Para aportar más datos de los que no se suelen mencionar -o se dicen con la boca pequeña-, y para que cobre sentido el título de esta entrada, en el caso de Galicia, un total de 135.493 gallegos menos votaron al PP (el 17,16% de los votantes en las pasadas elecciones del 1 de Marzo de 2009). Unos datos que, sin embargo, a los ojos de los medios de comunicación de masas, son vistos como “un claro refrendo” al Partido Popular, incluso al gobierno central de Mariano Rajoy. Aplicando el mismo ¿razonamiento? en el caso de Euzkadi, podríamos concluir con mayor motivo que el 37,20% de respaldo del censo a PNV + EH-Bildu (traducido en el 58,85% de los votos válidos y el 64% de los escaños del parlamento vasco), se corresponde con un claro refrendo independentista de la población vasca.
Con todo esto expuesto (sabiendo que 24 de cada 100 gallegos apoyaron al PP, menos de la cuarta parte) vuelvo a formular la pregunta con la que inicié este texto. ¿Arrasó Núñez Feijóo en las elecciones gallegas? ¿Dieron los gallegos luz verde a más recortes del Partido Popular? Adjunto imágenes de las portadas de los principales periódicos de este país para invitar a la reflexión.
A pesar de que el objetivo de la manifestación 25-S era rodear el congreso para exigir democracia -siendo realistas rodear el perímetro policial- y en ningún caso acabar con ella dando un golpe de estado como se ha llegado a decir, no han faltado los políticos que han decidido salir a la palestra (antes, durante y después), para dejar a la clase política española como la expresión más pura de la democracia y a los ciudadanos que iban a manifestarse como los máximos detractores de la misma -ya sabeis, “antisistemas y anarquistas radicales de izquierda” según el runrún de La Razón, Intereconomía, etc.
Dichos políticos, no sólo no reconocen errores en su gestión durante los últimos años, sino que se presentan a sí mismos como el máximo exponente de los valores democráticos, además de erigirse -contrariamente a la verdad- como representantes de la voluntad del total de la ciudadanía, con el apoyo de menos de la tercera parte del censo electoral (la mitad del censo si sumamos el respaldo al PSOE), mientras se gobierna a golpe de decreto ley -la forma más aproximada a una dictadura- cercenando derechos, libertades y prestaciones sociales para continuar acrecentando el distanciamento social y económico entre una parte elitista de la ciudadanía y el resto.
Una de esas apariciones encaminada a ensalzar la democracia en España, ha sido la de Ruiz Gallardón, especialmente llamativa por producirse después de proponer una reforma del código penal despreocupada por la evasión de impuestos y la salida del PIB a paraísos fiscales, y especialmente enfocada a imposibilitar la protesta ciudadana: “La distribución o difusión pública, a través de cualquier medio, de mensajes o consignas que inciten a la comisión de alguno de los delitos de alteración del orden público del artículo 558 del C.P., o que sirvan para reforzar la decisión de llevarlos a cabo, será castigada con una pena de multa de tres a doce meses o prisión de tres meses a un año”. ¿Considerarán este blog uno de esos casos, por defender la necesidad de manifestarse en contra de las medidas del gobierno? (También he colaborado en la difusión movimientos de protesta y hecho clic en los “me gusta” de sus redes sociales, lo confieso).
En lo que se refiere al dispositivo policial que acordonó el congreso de los diputados en el día de ayer (25 de Septiembre), la delegación del gobierno en Madrid, obsesionada con la imagen exterior de descontrol que se podía transmitir a los amos europeos, empleó a un total de 1.350 policías que se encargaron de cortar calles y limitar los accesos a la carrera de San Jerónimo, para reducir al máximo la confluencia de personas y menguar de esta manera la repercusión mediática del evento. Según datos de la propia delegación del gobierno, unas 6.000 personas acudieron a la cita, lo que significaría que habría habido 1 policía por cada 4,4 personas. No demasiado creíble, ¿verdad? Teniendo en cuenta otros bailes de cifras precedentes, como el que se produjo el día de la llegada de la marcha minera a la capital (donde se habló de cientos de personas acompañando a los mineros cuando sólo éstos eran cerca de trescientos, podeis buscar las imágenes y opinar), y valorando otras circunstancias como la reducción del espacio físico donde iba a confluir la gente y el hecho de que el gobierno decidiera convocar a tal cantidad de policías, es de suponer que el número de manifestantes fuera mucho mayor. Tampoco hay que olvidar el apoyo del resto de puntos de España ni el miedo que desgraciadamente todavía está presente en nuestra sociedad, y del que se sirven nuestros dirigentes, fomentándolo a través de los medios de comunicación que controlan.
En definitiva, no cabe duda de que somos mayoría los que no vemos otro futuro que no pase por una rectificación de la desastrosa fórmula vigente y, puesto que dicha fórmula no es del agrado del actual gobierno, no estaba en su programa y no forma parte de sus convicciones como han manifestado en reiteradas ocasiones, por la dimisión de Rajoy y de todo su equipo. ¿O es que acaso mienten? Cualquier político con el más mínimo resquicio de dignidad, ante la perspectiva de tener que aplicar medidas que no son de su gusto y verse obligado a desprenderse de su programa y de sus principios, presentaría su dimisión de forma irrevocable. Rajoy y los suyos sin embargo, no lo hacen. No dimiten haciéndonos creer que, por circunstancias ajenas a ellos, se han encontrado con un panorama inesperado que les ha desbordado, y ahora no existe otro camino posible. Y encima nos cuentan que no es su deseo recorrerlo.
El compromiso con la ciudadanía está completamente roto después de incumplir cada una de las promesas de la campaña electoral, y día tras día, la gente continúa manifestando su descontento. ¿Sigue existiendo entonces la soberanía popular? ¿Seguimos viviendo en democracia? ¿Se nos escucha? Es obvio que no. Y visto lo visto, no dimitir sólo puede entenderse de una manera: como un fraude democrático, actuando a sabiendas de lo que iba a ocurrir, de lo que se iba a hacer. Cuando además sirves en bandeja la patria a mercados extranjeros a cuenta de mantener el actual sistema de cargos y oficios lucrativos y poco trabajosos de una minoría, se trata de alta traición. Ya es hora de llamarlo por su nombre.
Cuando un partido político logra el poder tras concurrir a unos comicios bajo el lema “súmate al cambio” es de esperar que durante su mandato se produzcan cambios, reformas. Pero, ¿qué reformas, es decir, qué propuestas, proyectos, innovaciones o mejoras hemos visto hasta la fecha? ¿Qué es lo que ha cambiado de un sistema que se ha dado el batacazo? Pues sencillamente, nada. Ningún cambio intrínseco, en la esencia. Se vuelve a confiar en la misma fórmula, entre otros motivos para no tener que rectificar ni asumir culpa alguna. Para poder continuar en la misma dirección perseverando la distinción entre una élite reducida y el resto de la ciudadanía.
Algunos dirán que se han hecho muchas reformas y más que se van a hacer. Precisamente ayer, lunes 10 de septiembre, tuvo lugar en la televisión pública una entrevista a Mariano Rajoy en la que pudimos escucharle decir que “sería un suicidio no hacer reformas”, defendiendo las “decisiones duras y poco gratas” tomadas. Limitar el gasto público de las comunidades, disminuir las prestaciones sociales, rebajar los salarios, reducir el número de pagas, cercenar los derechos de los trabajadores, seccionar la sanidad, menguar la educación pública… En definitiva, un sinfín de medidas de connotación negativa que se corresponden con la definición de esa palabra tan difícil de pronunciar para el gobierno: recortes, es decir, limitar, disminuir, rebajar, reducir, cercenar, seccionar, menguar. Nada que ver con el término reforma, o lo que es lo mismo, innovar, enmendar, mejorar, rectificar, regenerar, enderezar, perfeccionar, rehabilitar, etc.
De la entrevista al presidente del gobierno, cabe destacar además la coincidencia en el aspecto económico con el líder de la oposición manifestada por Rajoy, quien de alguna manera nos ha dado a conocer el por qué de las dos entrevistas (la semana que viene los mismos periodistas formularán preguntas a Alfredo Pérez Rubalcaba) cuando ha manifestado que “en temas económicos habría que ir juntos y la coincidencia es buena, lo cual a mí me reconforta”. Las circunstancias en las que se producen estas entrevistas, tras una criba ideológica en el personal de RTVE, invitando únicamente a los líderes de los partidos mayoritarios que sólo representan a la mitad del censo, y formulando las preguntas periodistas de los medios afines a dichos partidos y controlados por la élite a la que defienden (ABC, El Mundo, La Razón, La Vanguardia y El País), terminan de conformar la idea de lo que se quiere transmitir a la ciudadanía: aguantad el chaparrón como podais, pues vamos a continuar en la misma línea (nosotros a cubierto, eso sí).
Os subimos los impuestos, os bajamos los sueldos, aumentamos los precios, tendreis que trabajar más y recibireis menos en forma de gasto público, porque es ahí donde estaba el gran fallo. El dinero procedente de los impuestos ya no da para salud, educación, cultura o investigación. Ese dinero debe destinarse a la banca, para compesar los excesos de la burbuja inmobiliaria y los beneficios capturados por los consejeros de las cajas, así como encaminarse hacia la empresa privada amiga a través de servicios innecesarios pero que reportarán beneficios a todos. Para bien, en el aspecto laboral, el futuro del trabajador deberá pender de un hilo. Además debemos permitir a las grandes empresas evadir impuestos y faciltarles pasarelas a paraísos fiscales para que puedan ser más generosas. También mantendremos las tarifas de gas, electricidad, telefonía e internet más caras de Europa para garantizar determinadas rentas y prebendas que nos permitan tener buenas relaciones con el exterior. Y esto es sólo el principio, pues llegarán más decisiones duras y poco gratas, pero sabed que entendemos el descontento de unos, sentimos la compresión de otros y somos conscientes de que la culpa es del enemigo.
Decía Schopenhauer que toda verdad pasa por tres fases: primero es ridiculizada, después recibe una violenta oposición y finalmente es aceptada como evidente. Aplicado a la verdad que hoy está en boca de todos (la insumisión al sistema de especulación finaciera antepuesto a las necesidades humanas), nos encontramos con que, del ridiculizado perroflautismo hemos pasado a la preocupación de los gobernantes por la adhesión a la indignación (ya insumisión) de la inmensa mayoría de ciudadanos. Vamos, que se queda sola la banca (con sus marionetas en los poderes del estado, las grandes empresas que en su día fueron usurpadas a los ciudadanos, los medios de comunicación que controlan y algún que otro lacayo, eso sí).
El perro-yayo-autónomo-minero-funcionario-flautismo ya no les hace tanta gracia, y aparece el desprecio como vínculo de unión entre la fase de ridiculización y la fase de violento rechazo, que se hace patente con (des)calificaciones como “antisistema radicales de izquierda” -toma ya, se las trae el adjetivo-, mientras se busca la manera legal de poder aplicar ley antiterrorista a todo aquel que no quiera digerir las infumables medidas. Medidas que si funcionan, traerán más recortes, porque funcionan, y si no funcionan, traerán más recortes también, porque serán insuficientes (hasta que funcionen).
Hoy, 19 de Julio, los perro-yayo-autónomo-minero-funcionario-flautas volveremos a tomar las calles, y a recibir algún que otro golpe, que lejos de amedrentar, servirá para infundir fuerza.
Después de ver, o mejor dicho, de no ver, el seguimiento realizado por las televisiones de este país de la marcha minera, en especial de su llegada a la Puerta del Sol de Madrid la noche del Martes al Miércoles 11 de Junio, etiquetada en twitter como #nocheminera (Trending Topic en el día de ayer), sólo podemos calificar la actuación de los medios de comunicación masivos como lamentable, vergonzosa e interesada. Afortunadamente, la llegada a Sol pudo ser seguida por Internet a través del streaming (almacenamiento de datos multimedia que se van mostrando a la vez que se descargan), y las personas que no se encontraban en Madrid pudieron compartir ese momento con los mineros on-line.
A lo largo de estas 19 jornadas, desde la salida de la Marcha Negra el 23 de Junio hasta su llegada en el día de ayer a Madrid, hemos podido comprobar como las cadenas le han estado restando importancia al asunto, dedicando mayor tiempo en sus informativos a otras cuestiones como la recuperación del Códice Calixtino o la Eurocopa de fútbol, siendo precisamente estos temas los únicos sobre los que hemos podido escuchar pronunciarse al presidente del gobierno que, junto con su equipo, continúa capeando el temporal mientras se enreda entre sus propias mentiras.
Todo lo que pueda servir como cortina de humo, es bien recibido tanto por el ejecutivo como por el poder financiero y los medios que controlan. Supongo que ahora será el turno de las Olimpiadas. No obstante, los miles de personas que se dieron cita para acompañar a los mineros en su protesta, tienen más que asumida esta forma de manipulación, y en el día de ayer, como si quisieran devolver la jugada a las televisiones por retransmitir durante más de 5 horas la celebración de la Eurocopa de fútbol mientras se obvian otros aspectos más importantes, entonaron cánticos propios del ámbito deportivo como “esta es nuestra selección”, “a por ellos” o “sí se puede”.
Entre las pocas referencias televisivas a la noche minera que pudimos ver en la madrugada de ayer, encontramos el brevísimo apunte que dedicó TVE en el 24 horas a la llegada de los mineros a Sol, en el que tuvo la desfachatez de informar -o desinformar- que algunos cientos de personas acompañaban a los mineros en ese momento. Habrá que esperar a que se confirme el número de asistentes, con el habitual baile de cifras entre las partes implicadas, pero creo que la foto adjunta a esta entrada deja en evidencia la información vertida por TVE. Teniendo en cuenta que sólo los mineros (señalados en la imagen) eran cerca de 300 individuos, ¿no llama la atención que TVE mencione algunos cientos de personas?
Una carencia legislativa a la hora de concretar exigencias constitucionales de organización y funcionamiento democráticos, fue el motivo que llevó al gobierno de José María Aznar en Junio de 2002 a modificar la Ley de Partidos Políticos 54/1978. El objetivo de esta modificación: impedir que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra el régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de bandas terroristas. Como curiosidad, reseñar que en aquella Ley de Partidos Políticos 6/2002 no se citó la homofobia.
Diez años después y tras las recientes elecciones generales, hemos podido comprobar cómo partidos claramente xenófobos han concurrido a los comicios sin ningún impedimento -lo digo por Plataforma per Catalunya aunque nos puedan venir más nombres a la cabeza-, o cómo partidos vinculados al entorno terrorista han registrado sus mejores resultados electorales. ¿Cuál era entonces la verdadera finalidad de la modificación de la Ley de Partidos Políticos?
Después de ver las sanciones a 6 senadores del Grupo Parlamentario Popular (por León, Aragón y Canarias) y la suspensión de militancia a uno de ellos, Juan Morano (alcalde de León con UCD y como independiente entre 1979 y 1987), por mostrarse contrario a retirar las ayudas a la minería, puede que la respuesta la encontremos en el Capítulo II (De la organización, funcionamiento y actividades de los partidos políticos), Artículo 8 (Derechos y deberes de los afiliados), Apartado 4, donde se habla de las obligaciones de los afiliados de compartir las finalidades del partido y colaborar para la consecución de las mismas, así como acatar y cumplir los acuerdos adoptados por los órganos directivos del partido, en contradicción con el Artículo 67 de la Constitución Española que dice que los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo.
Dicho conflicto ha llevado finalmente al ex-alcalde y senador por León a solicitar la baja del partido con la intención de integrarse en el grupo mixto de la Cámara Alta, afirmando que el escaño pertenece a los electores y no al partido, y que ha actuado en conciencia y en defensa de los intereses de su tierra. Algo coherente con el hecho de que la circunscripción electoral sea la provincia, y que vuelve a poner de manifiesto que la Ley de Partidos va en contra de esta circunstancia. ¿Circunscripción electoral la provincia o Ley de Partidos? ¿En qué quedamos? Está claro que los partidos mayoritarios pretenden beneficiarse y obtener rentabilidad electoral de las provincias como circunscripciones, pero luego se las pasan por el arco del triunfo apelando a la unidad territorial. Hoy les toca aguantarse a León, Aragón y Canarias, mañana al resto. Ojalá abrieran los ojos sus votantes.
El sistema de esclavitud por deudas no es algo nuevo en la historia del hombre. De hecho, se reproduce periódicamente y llega a su fin con una revuelta que consigue una distribución más equitativa de las riquezas.
Ya en el siglo IV a.C., en la antigua Roma, esta forma de esclavitud era denominada nexum, y venía a ser un contrato por el cual el hombre libre ofrecía sus servicios como fianza de un préstamo. Si se imcumplía el pago, este hombre (nexus), a pesar de no encontrarse en la misma situación que un esclavo pues era considerado ciudadano y conservaba en teoría sus derechos legales, era obligado a trabajar al servicio de su acreedor como pago de su deuda. Además, debido a los abusivos intereses, lo habitual era que no se llegara nunca a saldar la deuda, por lo que ésta pasaba a los descendientes, lo que llevó a un aumento del número de nexi y desembocó en una sangrienta revuelta que finalizó con la abolición del nexum por la ley Poetilia, entre 326 y 313 a.C.
Pero a lo largo de la historia son incontables las veces que se han repitido circunstancias similares, con endeudamientos de imposible cumplimiento como forma de esclavitud económica que derivan en desempleo, pobreza y hambre, desencadenando los consiguientes conflictos. Uno de los más recientes es la II Guerra Mundial, con imposiciones insalvables a los vencidos tras la I Guerra Mundial por parte de los aliados, pero hay otros muchos como la Revolución Mexicana, con el endeudamiento de por vida de los trabajores a través de las tiendas de rayas, convertidos de esta manera en esclavos, o la Revolución Francesa, con la deuda externa derivada del apoyo militar a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos que llevó a una extrema desigualdad social con altos impuestos que los estamentos privilegiados -nobleza y clero- no tenían obligación de pagar.
Históricamente los EE.UU. han sido los más hábiles tanto en sacar rentabilidad de los conflictos -financiando y convirtiéndose en acreedores-, como en evitar situaciones de esclavitud financiera, declarando las deudas odiosas (también execrables o ilegímitas), eludiendo de esta forma la obligación de devolver los préstamos. Lo mismo que pretendía SYRIZA en Grecia si hubiese ganado las elecciones, realizar una auditoría de la deuda que considera ilegítima en parte, restableciendo la soberanía y dando prioridad a las personas, lo que ha hecho reaccionar a los medios de comunicación -controlados por el poder- tachándoles de anti-europeístas, dejando entrever posibles represalias a Grecia si dicho partido alcanzaba el gobierno.
Cambian los tiempos pero el hombre es siempre el mismo. La historia vuelve a ser fiel a sus ciclos, y en la actualidad nos encontramos con millones de nuevos nexi obligados a trabajar de por vida para pagar una deuda que no van a poder saldar. Obligados a no parar, a no poder atender a sus enfermos, a no poder acceder a determinados tratamientos médicos, a no poder recibir una educación en las mismas condiciones que sus acreedores, a pasar la vida entera pagando su hogar y a consumir únicamente los productos de primera necesidad más baratos que los mercados decidan sacar a la venta, pues las necesidades básicas son poco a poco monopolizadas.
El único consumo que subsiste es el elitista, el de los productos de lujo. El distanciamiento económico y social entre unos ciudadanos de primer orden y el resto, continua acrecentándose distribuyendo la riqueza de forma cada vez menos equitativa. Del consumismo capitalista vamos pasando a la esclavitud de las necesidades básicas. La historia se repite una y otra vez por el mal uso de las leyes de los hombres, pero la ley natural, innata y de imposible incumplimiento, siempre termina indicando el rumbo. Sólo queda por conocer una cuestión, si se volverá a escribir la historia de la misma manera que siempre o será posible salir de forma pacífica del sistema de esclavitud actual.